¿ Por qué sigo sufriendo el miedo escénico?

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Miedo escénico

como sabido es por mucha gente, es el cúmulo de sensaciones y emociones que entretienen nuestra capacidad de mostrar nuestras habilidades en público o en un momento determinado.

Bastante cierto es que con el paso del tiempo y la experiencia de vida nos va a dar ese aplomo que no teníamos en la juventud. Pero claro, en el camino de la experiencia y el desarrollo de habilidades se quedan muchas personas que no superan los pequeños obstáculos que les aparecen, debido en gran parte a la “tenaza emocional” que sufren cada vez que tienen que realizar una acción, en un momento concreto con más o menos público.

Dejamos de creer en nosotros.

Si hay alguna característica que caracteriza prácticamente casi todos los casos de personas( músicos o no) que he tratado, que acudían a mí para  solucionar el tema de la ansiedad escénica, es la pérdida de confianza en ellos mismos. Esto es algo muy común, y que no se soluciona diciendo: ” ¡Bien , que sí que puedes!” o escribiéndole frases inspiradoras( aunque hay que reconocer que hay personas que si les funciona, pero las menos). Se soluciona llegando al principio del problema, a la situación que genera el problema, a ese asunto que todos sabemos y lo guardamos como el mayor de los secretos y que no estamos dispuestos a desvelar.

¿Cómo solucionarlo?

Esta si es la pregunta del millón. No hay una solución para todo el mundo igual. Podemos seguir modelos que pueden ayudar a unas personas y hacer añicos la carrera de otras, por lo que se trata de un trabajo muy individualizado en los casos de gran bloqueo.

También es cierto que existen unas “pequeñas pautas” de comportamiento que si las aplicamos ( y que he demostrado por activa y por pasiva en los talleres que he realizado) que funcionan mientras vamos organizando y conociendo todo lo que ocurre dentro de nuestra cabeza.

¿ Cuales son los pasos?

  1. Aceptar que tienes un pequeño “guirigay” en el enfoque de una acción, y que aún siendo muy hábil la presión que te autogeneras la mayoría de las veces no puedes soportarla y aparece “el pequeño fracaso”, ese que justificamos diciendo: “en casa me salía”.
  2. Ponerte en manos de un profesional que realmente conozca el mundo de actuar bajo presión ( ya que hay reglas, emociones  y sensaciones que solo se conocen por la experiencia de haberlas vivido).
  3. Tu responsabilidad para querer mejorar realmente en lo que haces, sin excusas. Sin culpar a nadie.
  4. Y el más importante es la acción para afrontar cada pequeño reto que se te irá poniendo y que aprendas a manejar todo lo que concierne a realizar una acción en un momento determinado.

    ¿Qué has decidido.  Aprender o seguir justificando tu mala suerte?