Nos encanta quejarnos, sin embargo…

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Nuestra evolución personal y profesional puede dejar bastante que desear, pasando desde la forma de entender el presente y como adaptarlo a nuestra realidad, hasta como conjugar vida personal y laboral. A si, disculpa, me refiero al mundo de la música.

Hoy en día podemos contar con profesionales mejor formados, más capaces, con más posibilidades y con un mundo por llenar de música( remunerada), y nos quedamos con las migajas que nos quieren dar a modo de limosna, como si estuviéramos en el lado equivocado. ¿ quien tiene la responsabilidad de cambiar esto?

Hoy no es el día.

En innumerables ocasiones me encuentro con situaciones que se ven postergadas debido a que siempre hay una razón( por no decir excusa) que va a frenar cualquier proceso de progreso.

La evolución no es solamente lo que “los otros” deben aplicarse , sino la capacidad de ir adaptándonos (sin por eso perder nuestra identidad), en todo lo relacionado a nuestra vida personal y profesional.

Las exigencias.

En este punto ya somos verdaderos expertos, sobre todo, cuando se trata de los demás. aquí no ponemos ningún reparo en pedir el máximo, aunque nosotros no lleguemos a ofrecerlo en ningún momento. Y me refiero a las personas que teniendo todas las posibilidades, se quedan en el más puro conservadurismo involutivo. Eso sí, dando unos gritos reivindicando justicia, sin pensar que podemos haber sido nosotros los causantes del motivo por dejadez (sin maldad), sólo por no evolucionar.

Las trabas.

Otras conocidas por las personas que tratan de evolucionar acorde a los tiempos( sin tener que estar en la vanguardia). Me refiero a todo lo concerniente a no dejar cambiar (generalmente a mejor), normalmente cuando van a aflorar, en primer lugar aparecen los comentarios que pueden ir desde la desacreditación personal, justificación de “mejor malo conocido…”, y posteriormente nos encontramos con la “no posibilidad de hacer algo”, en la que nunca hay nadie que lo impida, sino todo lo contrario. Por cierto; “culpa de otros” siempre.

En fin.

Aparece la resignación como consuelo de cualquier mal, que en muchísimas ocasiones se podía haber evitado con una buena prevención y organización (evolución). Pero nos es más fácil seguir quejándonos sobre todo de los demás, exigiendo una evolución y una mayor competencia en todos los campos, pero sobre todo:

“Que nuestra falta de competencia quede intacta”.

Es sólo mi visión, de una  minoría que lastra la evolución de la inmensa mayoría, y que no favorece para nada (y sin mala intención) el despegue que deberíamos  tener.