La autoexigencia que aumenta los nervios.

Autoexigirnos en exceso.

El deseo de mejorar y querer demostrar nuestras habilidades puede jugarnos en ocasiones “malas pasadas”. Esto puede ser algo habitual en personas que tienen un alto grado de habilidad en alguna especialidad. Normalmente, suelen justificar un mal resultado de cualquier manera, aunque saben que realmente  es el deseo de demostrar su habilidad.

La justificación de su excelencia puede venir de un sentimiento más profundo y más lejano, como la falta de reconocimiento, alta competitividad u otro factor en edades tempranas.

Los nervios los atenazan y no les permiten desarrollar todo el potencial cuando están “bajo presión”, aunque la situación no sea de gran dificultad. No poder “demostrar” su capacidad, crea un estado de frustración que se repite cada vez que hay una actuación extraordinaria.

Uno puede ser su peor juez.

Cuando no  entendemos el funcionamiento emocional del cerebro y dejamos que la parte cerebral “que juzga” nuestras aptitudes se apodere  de nuestras emociones y pensamientos, empezamos a cometer errores que en circunstancias sin presión no cometeríamos.

En nuestros primeros meses de vida, aprendemos de forma innata las habilidades y como mejorarlas sin presión , un ejemplo: cuando comenzamos a andar, no queremos andar mejor que nadie ni ser los mejores, “sólo queremos andar” y probamos a mantener el equilibrio teniendo como camino caernos, sin por ello frustrarnos por “esos pequeños fracasos”.

Olvidamos las ganas de evolucionar sin compararnos a nadie ni demostrar que realizamos una acción mejor que nadie, sólo la hacemos: “andamos”.

Aprender a disfrutar de las habilidades en vez de compararlas con los demás, y no poner en duda la capacidad de uno mismo , hará que consigamos aprovechar mejor “los nervios” y los canalicemos para desarrollar al máximo nuestras posibilidades.

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